Mensaje de Pascua 2017

En la Pascua, los seguidores de Cristo somos impulsados hacia un profundo misterio, un misterio ante el cual nos asombramos. Contemplamos este misterio que nutre nuestra fe y llena nuestro corazón de asombro, amor y alabanza. Confesamos que está más allá de nuestra capacidad para explicarlo plenamente en categorías racionales. Sin embargo, dando testimonio de él con confianza y alegría, lo celebramos como recuerdo sagrado y lo abrazamos como gloriosa esperanza.

El que murió en el Calvario es la segunda Persona de la Trinidad. Es Dios cuya auto-dación recordamos cuando hablamos de la Cruz. Es el Eterno cuya cabeza está inclinada en amor sufriente en la colina del Calvario. ¡El que muere en el Calvario es Dios!

El Dios a quien servimos es el Eterno, que fue antes del tiempo, vive en el tiempo, y será cuando el tiempo no sea más. Este es el Dios a quien las puertas de la muerte no pueden confinar. El que fue crucificado y luego puesto en una tumba prestada no sólo fue el creador y el dador de la vida, sino que es la vida misma.

El que se identifica a sí mismo como "el camino, la verdad y la vida", sopla el aire fresco de una nueva vida en nuestra vieja vida, guiándonos a experimentar un nuevo nacimiento. El Señor que es "la vida" habla vida a nuestras muertes y trae aliento de novedad a donde las viejas costumbres y los viejos encarcelamientos podrían continuar entorpeciendo o inmovilizando a los viajeros en el viaje de la vida.

El Dios de Pascua es el Padre que, en Jesús el Cristo, abandonó el lugar preparado para los muertos, abrió el camino a la vida a través de la muerte y, de una vez y para siempre, mató al monstruo de la muerte misma. Es por eso que gritamos en la victoria: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” y declaramos “ Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo." (1 Corintios 15: 55 y 57 - RV 60).

Cuando declaramos: "¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!", contamos la historia del misterio del Dios trino que nos abre camino a través de los áridos desiertos de nuestros días. Dios atrae a las personas hacia su creador y Salvador y les confiere el don de la vida abundante, que es tan poderosa que la muerte no puede erradicarla. Esta es la vida del futuro que se manifiesta a sí misma en el tire y afloje de nuestra existencia cotidiana. 

El Dios trino de las maravillas asciende la colina del Calvario, entrega vida para que recibamos la vida y luego retoma la vida nuevamente para construir una fortaleza de esperanza en la que los seres humanos podamos encontrar la confianza que el mundo no puede dar.

Cuando celebramos la Pascua, expresamos la confiada certeza de que el Cristo resucitado habita en nosotros aun cuando vivimos en Cristo. La nuestra no es una vida ordinaria circunscripta entre los misterios del nacimiento y la muerte. Tampoco es una existencia precaria privada de alegría perpetua. En la Pascua, celebramos el regalo de la vida eterna que es hecha posible a través de la muerte y resurrección del Hijo de Dios! ¡Aleluya!

 

Neville Callam
Secretario general
Abril 2017

 

(Traducido al español  por Tomás y Febe Mackey)